Establecer la fecha, el lugar de origen y el inventor de la imprenta ha sido tema de discusión a lo largo de los siglos; sin embargo, el consenso entre los académicos e investigadores ha llegado a expresar que alrededor de 1440, en la ciudad de Mainz, Johannes Gutenberg fue el creador de la imprenta (Lyons 27). Si bien el desarrollo de las técnicas de la producción de papel y el avance de la metalurgia fueron puntos clave para la fabricación del primer prototipo de la imprenta, también lo fueron el crecimiento de la demanda por una educación secular y humanista en las élites europeas y el auge de las universidades en Europa (28). Así pues, en palabras de Martin Lyons,
[p]rinting ensured a wider diffusion of literature than ever before to the cultivated elite, and for this reason it has been labelled a ‘communications revolution’. Print made possible a much faster rate of production than before. Scribes usually copied three to four pages per day, but the printing press could produce at a much faster rate than this and therefore disseminate texts more widely (33).

(1394 o 1399- 1468)
La llegada de la imprenta a las colonias españolas en América data del año 1539 en el virreinato de la Nueva España (México), es decir, casi un siglo después de la invención de esta tecnología. En este contexto colonial, la imprenta sirvió para propósitos ideológicos, políticos y administrativos de España. Según Hortensia Calvo, “the first presses were brought to Mexico City and Lima for the explicit purpose of aiding missionaries in the Christianization of native populations” (139). La religión y el poder administrativo fueron las causas por las que la imprenta llegó a los territorios conquistados por los españoles; empero, las órdenes religiosas tuvieron la potestad sobre las máquinas debido a sus intenciones evangelistas. Por tal motivo, solo hasta el año de 1736, en la Nueva Granada y, de manera especial en Santafé de Bogotá, se estableció la primera imprenta gracias a los Jesuitas.

A diferencia de Europa, la imprenta en las colonias españolas en América sirvió para consolidar el poder español y no representó una amenaza contra la corona, pues el manejo de estas máquinas y procesos estaba en manos de la Iglesia y de los altos rangos políticos. No obstante, entre 1791 y 1793, Antonio Nariño construyó, en Santafé de Bogotá, junto con los artesanos locales una imprenta a la que llamó Imprenta Patriótica. Esta empresa funcionó bajo el mando de Nariño e imprimió “algunas oraciones religiosas, un par de libros importantes, 70 entregas del Papel Periódico de Santafé de Bogotá y, por supuesto, los célebres Derechos del hombre y del ciudadano, que causarán tantas penurias, aunque también algunas satisfacciones al santafereño” (Ministerio de cultura. “Antonio Nariño y la Imprenta Patriótica”).
Posteriormente, en el siglo XIX, la imprenta sirvió como puente entre la política y el periodismo colombiano. Periódicos como El diario político de Santafé (1810) de Francisco José de Caldas y José Joaquín Camacho y la Bagatela (1811-1812) de Antonio Nariño sentaron los precedentes para ver la imprenta como un hito importante en las disputas políticas desde la prensa. De este modo, periódicos de carácter oficial, opositor, liberal, conservador, satírico, literario ̶ por solo nombrar unos ̶ comenzaron a proliferar, formando así ideologías y comunidades lectoras en los ciudadanos. Ya en la década de los ochenta, “se instalaron 30 equipos tipográficos y se alcanzó el número de 122 imprentas en funcionamiento” (Museo de Artes gráficas) en todo el territorio nacional.

Dentro del auge de las imprentas en la nación y, sobre todo, en Bogotá en el siglo XIX, se afianzaron técnicas como la xilografía, la litografía y la tipografía. Gracias a esto, se desarrollaron oficios para el funcionamiento de la imprenta. Los roles del cajista, el tipógrafo, el litógrafo, el impresor o el corrector tuvieron gran relevancia en el proceso de la impresión y ello condujo a que a finales del siglo XIX se fundara la Escuela Salesiana de Artes y Oficios1. “La escuela de Bogotá se creó con el nombre del Pontífice interesado en que se fundara esta obra y en los derechos de la clase obrera. Primero fueron los talleres de sastrería, talabartería, carpintería y zapatería; al siguiente año se unieron los de encuadernación, mecánica, imprenta y herrería, y en 1893 se incorporó la fundición de tipos” (Mayor Mora 114). En este orden de ideas, este panorama apunta a la necesidad de formar mano de obra calificada en el campo de la impresión y, además, señala la importancia de la imprenta dentro de la modernización de la ciudad.

Aunque la industria de la imprenta en Bogotá era, principalmente, manual, la llegada de maquinaria desde Estados Unidos, Alemania e Inglaterra introdujo técnicas como la linotipia en 1915, la cual aceleraba el proceso de la tipografía. A este avance tecnológico y técnico le siguió la inclusión del offset, la fotocomposición y la pre-prensa digital.