{"id":5,"date":"2020-09-05T17:27:03","date_gmt":"2020-09-05T17:27:03","guid":{"rendered":"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/?page_id=5"},"modified":"2020-12-14T14:52:25","modified_gmt":"2020-12-14T14:52:25","slug":"el-lugar-de-su-presencia","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/","title":{"rendered":"El Lugar de su Presencia"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1024x800.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40\" width=\"929\" height=\"725\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1024x800.jpg 1024w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-300x234.jpg 300w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-768x600.jpg 768w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1536x1200.jpg 1536w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1200x937.jpg 1200w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1980x1546.jpg 1980w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365.jpg 1995w\" sizes=\"auto, (max-width: 929px) 100vw, 929px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Fotograma de <em>El Lugar de su Presencia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Anteproyecto<\/h2>\n\n\n\n<p>El Lugar de su Presencia es un relato expandido en tres medios -fotograf\u00eda, escultura y poes\u00eda-, y en tres capas de ficci\u00f3n. En la m\u00e1s profunda de estas, es un relato literario: un hombre -el Arquitecto- busca a su hija en un lugar que imagina; justamente, en El Lugar de su Presencia. En la capa del medio, el mencionado lugar imaginado por el Arquitecto se convierte en escultura. Finalmente, en la capa de ficci\u00f3n m\u00e1s exterior, la escultura se convierte en locaci\u00f3n y el relato del hombre que busca a su hija en guion. Y con estos materiales, adem\u00e1s de algunas im\u00e1genes documentales del barrio Juan XXIII en Bogot\u00e1 y de la estrella de Silo\u00e9 en Cali -que se parecen al lugar que el Arquitecto imagina-, se compone un videoensayo. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Pruebas de material pl\u00e1stico<\/h2>\n\n\n\n<p>Buena parte del semestre lo dediqu\u00e9 a hacer pruebas de material pl\u00e1stico. Las primeras fueron con velas de parafina, casas prefabricadas para maquetas y un bloque de cemento. Con ellas compuse una maqueta del Lugar de su Presencia que luego descart\u00e9. Esto porque el resultado alud\u00eda a ciertos lugares comunes de los barrios populares, especialmente al del colorido de las casas, y a cierta est\u00e9tica de pesebre que no busco. Adem\u00e1s, con esta primera prueba, me di cuenta de que requer\u00eda un material que ascienda y no uno que se deslice sobre una superficie. M\u00e1s adelante explico el porqu\u00e9 de esto \u00faltimo. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Parafina1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-42\" width=\"432\" height=\"648\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Parafina1.jpg 358w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Parafina1-200x300.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 432px) 100vw, 432px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Parafina.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-43\" width=\"434\" height=\"666\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Parafina.jpg 431w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Parafina-196x300.jpg 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 434px) 100vw, 434px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Y entonces record\u00e9 aquel experimento de cristalizaci\u00f3n que hice en el colegio, con sal. Hablo de un experimento muy simple mediante el que se producen cristales de sal o -as\u00ed las llamaba el profesor- estalagmitas caseras. En especial el segundo nombre del experimento, la met\u00e1fora que alud\u00eda a las formaciones rocosa, me pareci\u00f3 reveladora para este proyecto. Es decir, una estalagmita asciende en una cueva a una velocidad imperceptible para el ojo y vida humana. Una estalagmita invade el vac\u00edo de una cavidad -vac\u00edo que se parece al que nos deja una ausencia-. Una estalagmita como una construcci\u00f3n en continuo proyecto. \u00bfY si el lugar que imagina el Arquitecto, El Lugar de su Presencia, es una estalagmita o una especie de formaci\u00f3n rocosa? Me puse a resolver esta pregunta con un nuevo experimento cuyo resultado tampoco me convenci\u00f3. Esto, en parte, por mi desconocimiento del material. Se supone que el agua, por capilaci\u00f3n, sube por una cuerda y, al evaporarse, crea los cristales de sal: los deja amarrados de la cuerda. Sin embargo, en vez de un hilo fino, us\u00e9 una piola muy gruesa. Y adem\u00e1s no tuve en cuenta que, si dicha escultura o prueba iba a ser tambi\u00e9n una locaci\u00f3n, no pod\u00eda haber en ella ning\u00fan tipo de material o forma redundante, como las torres de las que colgu\u00e9 los hilos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Prueba-que-no.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-44\" width=\"396\" height=\"529\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Prueba-que-no.jpg 412w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Prueba-que-no-225x300.jpg 225w\" sizes=\"auto, (max-width: 396px) 100vw, 396px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Prueba-que-no3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-45\" width=\"397\" height=\"530\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Prueba-que-no3.jpg 408w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Prueba-que-no3-225x300.jpg 225w\" sizes=\"auto, (max-width: 397px) 100vw, 397px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>As\u00ed que replante\u00e9 la maqueta. Esta vez utilic\u00e9 hilos negros m\u00e1s finos con la esperanza de que pasaran desapercibidos en las tomas que les har\u00eda. Y adem\u00e1s us\u00e9 cemento y unas varillas que, esperaba, aludieran al estado en proyecto de la estalagmita. Sin embargo, no contaba con el clima de Bogot\u00e1. Para que una estalagmita crezca -tanto una casera como una natural- necesita de un ambiente caluroso y h\u00famedo, como en el que yo crec\u00ed, en Cali, y estudi\u00e9 el bachillerato. Pero en Bogot\u00e1 el experimento necesita de mucho tiempo o f\u00e1cilmente falla. La estalagmita no crece o, si crece, es muy peque\u00f1a. Lo que ver\u00e1n a continuaci\u00f3n es el resultado de una larga espera. Lo que cuelga de los hilos son diminutos cristales de sal que en el futuro, se espera, devengan en estalagmita. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-47\" width=\"393\" height=\"493\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-1.jpg 472w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-1-239x300.jpg 239w\" sizes=\"auto, (max-width: 393px) 100vw, 393px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-48\" width=\"390\" height=\"520\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-2.jpg 441w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-2-225x300.jpg 225w\" sizes=\"auto, (max-width: 390px) 100vw, 390px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-49\" width=\"505\" height=\"378\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-3.jpg 642w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/Imagen-3-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 505px) 100vw, 505px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Pero lleg\u00f3 el afortunado accidente que me dio otra posibilidad. Hab\u00eda puesto la maqueta sobre una cartulina negra, y en ella dej\u00e9 caer un poco de aguasal que, al secarse, dej\u00f3 unas manchas de sal que luego se convirtieron en cristales. Estas manchas, vistas desde arriba, parecen una fotograf\u00eda satelital de un lugar ambiguo: una ciudad, un barrio, una formaci\u00f3n rocosa, un sembrado, un desierto. Y esa ambig\u00fcedad  figurativa calza a la perfecci\u00f3n con El Lugar de su Presencia, siendo este un lugar imaginario hecho de memoria y de ausencias. A continuaci\u00f3n los errores con los que he segu\u00ed experimentando y produciendo, y que en tanto fotograf\u00edas tienen mucho potencial pues aluden metaf\u00f3ricamente a los materiales y sentimientos con los que el personaje construye el lugar en el que busca a su hija: angustia, soledad, desesperaci\u00f3n, vac\u00edo. Es probable que en un pr\u00f3ximo experimento utilice estas manchas para forrar una superficie con determinada forma. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-1024x800.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-51\" width=\"610\" height=\"476\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-1024x800.jpg 1024w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-300x234.jpg 300w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-768x600.jpg 768w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-1536x1200.jpg 1536w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-1200x937.jpg 1200w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1-1980x1546.jpg 1980w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0365-1.jpg 1995w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"914\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-1024x914.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-52\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-1024x914.jpg 1024w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-300x268.jpg 300w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-768x686.jpg 768w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-1536x1371.jpg 1536w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-2048x1828.jpg 2048w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-1200x1071.jpg 1200w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0366-min-1980x1768.jpg 1980w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"803\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-1024x803.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-53\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-1024x803.jpg 1024w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-300x235.jpg 300w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-768x602.jpg 768w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-1536x1205.jpg 1536w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-2048x1606.jpg 2048w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-1200x941.jpg 1200w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0359-min-1980x1553.jpg 1980w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-54\" srcset=\"https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-768x1024.jpg 768w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-225x300.jpg 225w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-1152x1536.jpg 1152w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-1536x2048.jpg 1536w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-1200x1600.jpg 1200w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-1980x2640.jpg 1980w, https:\/\/visiones.uniandes.edu.co\/hmunozs\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2020\/12\/IMG_0361-min-scaled.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Entonces, hice dos bocetos del videoensayo. En ellos, adem\u00e1s de incluir fotograf\u00edas de la \u00faltima maqueta y de las manchas de sal, tambi\u00e9n inclu\u00ed im\u00e1genes del barrio Juan XXIII y de la estrella de Silo\u00e9.  Producir o conseguir estas im\u00e1genes tambi\u00e9n ha sido parte del trabajo de este semestre. No las incluyo por fuera de los videos para no ser redundante. La voz en off es de la escritora uruguaya Fernanda Tr\u00edas, quien lee lo que llevo guion.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/youtu.be\/rWgqxdQC3co\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">El Lugar de su Presencia boceto I<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/youtu.be\/0uLcKa8xR74\" target=\"_blank\">El Lugar de su Presencia boceto II<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, incluyo lo que llevo del guion. Este trabajo de escritura tambi\u00e9n se ha llevado buena parte del trabajo de este semestre.Y quiz\u00e1s deb\u00eda ser as\u00ed por dos razones: en primer lugar, se trata del primer nivel de ficci\u00f3n y, por lo mismo, es fundamental. Dicho nivel configura metaf\u00f3ricamente las esculturas y el material de archivo que m\u00e1s adelante devendr\u00e1 en locaci\u00f3n y en objeto pl\u00e1stico. Adem\u00e1s, este trabajo de escritura me ha servido para repensar los alcances de este proyecto y su relevancia. El guion a\u00fan sigue en construcci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Guion<\/h2>\n\n\n\n<p>El Arquitecto imagina una formaci\u00f3n rocosa que invade el vac\u00edo. Un lugar en el que las casas trepan, se aglomeran como co\u00e1gulos, y a su paso dejan un sedimento nutritivo, lechoso, que luego el aire descompone en otras casas. Casas deflactadas. Millones de cuencas que miran los alrededores desde el cerro. Una estalagmita, imagina. Un proyecto en continuo proyecto, que repta, que despliega un dosel de latones. Que lucha por alcanzar la punta de la que gotea su existencia cavernaria. Ah\u00ed es que busca a Luc\u00eda. Por si acaso. Porque fue injusto con ella y eso es lo que le ha venido abonando el balazo de la culpa. Estaban comiendo en la mesa de centro que en esa casa hac\u00eda de comedorcito de dos puestos, cuando le habl\u00f3 mal y luego ella le habl\u00f3 peor. Le dijo. Le dijo y le dijo, retorciendo las palabras, con un desprecio irreconocible en sus maneras. Por supuesto que el Arquitecto no le alz\u00f3 la mano a la ni\u00f1a. Hasta ese momento, ella hab\u00eda demostrado ser un solo cari\u00f1o. Un solo juicio. La que se hab\u00eda puesto de grosera era la rabia, la fiebre de la pelea. As\u00ed que dej\u00f3 que Luc\u00eda se desahogara con \u00e9l, pues, \u00bfpara qu\u00e9 m\u00e1s sirve un padre? Ya entender\u00e1, se dijo, y se devolvi\u00f3 a la cocina pensando que la cosa no pasar\u00eda a mayores. Pero el punto m\u00e1s alejado de su descendencia se le fue por la ventana apenas le dio la espalda. Como un gato. El Arquitecto estuvo tentado a salir corriendo detr\u00e1s de su hija, pero el solo movimiento le introdujo un aire en el costado del cuerpo. Vendr\u00e1, se dijo luego de sentarse en la mesa de centro. Mi ni\u00f1a vendr\u00e1, se dijo, y suspir\u00f3 a ver si as\u00ed lograba expulsar al espinoso aire de su cavidad. Pero a las horas, el dolor que hab\u00eda comenzado como un mero tir\u00f3n, devino en un fr\u00edo de esos en las costillas. Y al Arquitecto no le qued\u00f3 de otra que hacerle caso y emprender la b\u00fasqueda del punto m\u00e1s alejado de su descendencia a media m\u00e1quina, como mejor pudo. Por prevenir. Porque uno nunca sabe qui\u00e9n anda por ah\u00ed, se dijo. Porque no en vano, no hace mucho ni poco, en la plena calentura del lugar, era normal que alguien se fuera sin irse y apareciera un morro en su reemplazo. Luego de un viernes santo, record\u00f3 el Arquitecto, les dejaron uno que alcanzaba dos pisos de altura. Ten\u00eda la base dilatada, como una pierna varicosa, serifada. Y las mesas de pl\u00e1stico que lo compon\u00edan se percib\u00edan calientes. Esto, de hecho, lo comprobaron los habitantes del lugar \u2014que algo se apoyaba en esas mesas, que algo las temperaba\u2014 a reojo, como era debido. Porque no fuera y luego viniera el due\u00f1o a reclamar que se las ten\u00edan que haber dejado quietas, que eso nom\u00e1s era el sol el que las tocaba. Una trampa de luz.<\/p>\n\n\n\n<p>El Arquitecto comenz\u00f3 la b\u00fasqueda del punto m\u00e1s alejado de su descendencia en las estrechas sinuosidades del ala norte. Y a medida que avanzaba ten\u00eda que agacharse para caber, para abrirse espacio en las estrangulaciones del camino. Se rasp\u00f3 los codos, las rodillas, el p\u00f3mulo, el p\u00e1rpado derecho, la nariz insensible. El cuerpo de una ni\u00f1a es el\u00e1stico, cabr\u00eda por aqu\u00ed sin problemas, se dijo. Por ac\u00e1 ha de estar. A Luc\u00eda le gusta meterse en cajas cuando est\u00e1 asustada. Igual que un gato. Hay gatos que se pierden por andar de callejeros. \u00a1C\u00f3mo es que se te olvida cerrar las ventanas de la casa, hombre! Ah\u00ed dej\u00f3 de insistir, entendi\u00f3 que se hab\u00eda atrancado entre dos muros. Ve\u00eda la salida, una de las tantas claraboyas que da la cima del lugar que imagina. Era imposible de atravesar para su cuerpo completo, corro\u00eddo. Aguantando la punzada del fr\u00edo enconado en las costillas, alarg\u00f3 el brazo izquierdo que sab\u00eda cinco cent\u00edmetros m\u00e1s largo que el otro. Asom\u00f3 la mano por el orificio, como un avestruz que se entierra y descubre que el otro lado del mundo es el que ha estado al derecho. Articul\u00f3 palabras, movi\u00f3 los dedos: Luc\u00eda, carajo, \u00a1ven\u00ed para la casa! No estoy bravo. Sus gritos bajaron a los alrededores como una pelota de pl\u00e1stico excitada por la pendiente, dieron tumbos en las paredes. Y el coro de los que lo miraban desde sus ventanas se las cant\u00f3; esa fue la \u00fanica respuesta: \u00c9ntrese, familia, que estas no son horas. Estas no son horas. Ante la soledad, al Arquitecto no le qued\u00f3 de otra que llegar a un acuerdo con su herrumbrado cuerpo. Se dijo: Mir\u00e1, acepto que en esta vida te he pedido de m\u00e1s porque me naciste incompleto. Pero aqu\u00ed estamos. Solo te estoy pidiendo que hag\u00e1s el \u00faltimo esfuercito. Luc\u00eda es juiciosa, una sola risa. Luego de que la encontremos, te dejo descansar, mi tronco. Hecho este juramento, volvi\u00f3 a asomar la mano por una de las claraboyas que da a la superficie del lugar que imagina. Su tronco considerado, le hizo el resto del trabajo: ascendi\u00f3 por la apertura como materia en destilaci\u00f3n. Un proceso lento y doloroso que le dej\u00f3 al descubierto una parte de la anatom\u00eda. Casi dos horas de puje. En la superficie, el toldo de la noche se pon\u00eda sobre los alrededores. Un avi\u00f3n vol\u00f3 por encima de su cabeza como otro pensamiento que menos mal lo distrajo de la punzada en sus costillas: las turbinas de esos aparatos, se dijo, y la brisa que patina cuesta abajo desde el cerro, son la raz\u00f3n por la que pisamos las tejas con cualquier cosa que sirva. Los gatos del lugar colaboran con esa tarea. Ellos duermen enroscados en los techos, sostienen las tejas y son tejas. Hace ya un tiempo largo que el Arquitecto no se monta en un avi\u00f3n. Demasiado para lo mucho que le gustaba volar. Volar para volver. En los aviones se apresuraba a escoger ventana. Y si no alcanzaba a escoger, buscaba un pasajero que le cediera el puesto. Entonces, luego de que el piloto anunciara que se estaba descendiendo, mientras los dem\u00e1s buscaban las luces de la pista de aterrizaje o de los diminutos carros all\u00e1 bajo, \u00e9l buscaba las luces del lugar que imagina. De esa manera se guiaba. A esa altura, por unos segundos, vislumbraba la totalidad del proyecto, le cab\u00eda en las manos. Y se preguntaba: \u00bfA d\u00f3nde se va la gente que se nos va sin irse?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo \u00fanico que s\u00e9, se dijo en la plena calentura del lugar, es que los que se van sin irse en alg\u00fan momento vuelven con uno y no se van m\u00e1s. Ellos necesitan de una gu\u00eda para volver. Necesitan de una estrella. Lo importante, entonces, es no dejar que la luz se nos muera. Eso es fundamental, se dijo el Arquitecto. Hay que buscar la forma de que no se apague y llegue la nada. Cuando chapotee en la oscuridad \u2014la estrella\u2014, en ese preciso momento, hay que ponerla a secar encima de una casa deflactada, que luego, cuando la oscuridad tambi\u00e9n suba, ser\u00e1 reemplazada en esa tarea por otra casa que est\u00e9 unos metros m\u00e1s arriba. Y as\u00ed, adem\u00e1s, nos iremos decantando en el tiempo. Capas sobre capas de minerales. Para invadir el vac\u00edo, se dijo el Arquitecto, no podemos depender del alumbrado p\u00fablico. Debemos caminar por el lugar sin miedo, palmeando las superficies queloides hasta las madrugadas si hace falta. Porque nuestras vidas abren meandros, se suceden en las coyunturas. En ese dibujo \u2014cuyas direcciones seguimos y alteramos\u2014 nuestras presencias se persiguen. Est\u00e1n arriba. Est\u00e1n abajo. Y por eso, la de la estrella, no puede ser cualquier luz. Se necesitan bombillos potentes, nuevos, a los que no les baile el filamento de la bombita. Se necesita robarles el fuego a los alrededores. Un incendio en el cerro, se dijo. Y una tarde esper\u00f3 a que la oscuridad se intensificara y baj\u00f3 del lugar para luego treparse en unos postes que hab\u00eda seleccionado previamente. Para esa tarea, adem\u00e1s, hab\u00eda dise\u00f1ado un agarradero que lo un\u00eda a los postes, cadera a cadera. Y as\u00ed, como si se estuviera subiendo a un palo de mango a bajarse la fruta del conocimiento, pudo trepar por bombillos. Y a su paso dej\u00f3 un surco de oscuridad en los alrededores. Reuni\u00f3 sesenta y cuatro luces, de las que en principio utiliz\u00f3 cincuenta y seis. Las restantes las guard\u00f3 como repuesto. Se ven\u00eda la madrugada y su idea era adelant\u00e1rsele al sol. Seremos un pulso intermitente en el alumbrado p\u00fablico, se dijo. Por eso hab\u00eda dejado lista la fuente independiente de energ\u00eda y el oct\u00e1gono de guadua en la parte m\u00e1s alta del cerro. Ocho puntas anunciar\u00edan su presencia. Ocho rosetas en cada punta. Y el Arquitecto dijo: H\u00e1gase la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que el fr\u00edo no le bailara en las costillas como un diente flojo, retom\u00f3 la b\u00fasqueda de la ni\u00f1a por el lugar que imagina. Recogi\u00f3 las partes que a\u00fan se le estaban condensando a la humanidad y las puso en su antebrazo como tirones de carne curtida. Ya otra vez somos beb\u00e9s, mi tronco, se dijo. Un beb\u00e9 que se carga \u00e9l mismo. Agarr\u00f3 por la estrella y de ah\u00ed, luego de dejarla alumbrando, baj\u00f3 por las escaleras rosadas, pisando suave los techos de hormig\u00f3n para no molestar a sus diminutos ocupantes. La plazoleta interior estaba tan sola como una puntilla abandonada en una pared. La gente se hab\u00eda entrado temprano. Algunos lo miraban desde sus ventanas, compon\u00edan el coro que, una vez m\u00e1s, se las cant\u00f3: \u00c9ntrese, familia, que estas no son horas. \u00c9ntrese. \u00c9ntrese. Con el \u00e1nimo de acelerar la b\u00fasqueda de la ni\u00f1a, el Arquitecto se le acerc\u00f3 sin malas intenciones a una bicicleta que yac\u00eda recostada en la puerta de una casa. Cuando el due\u00f1o saliera a buscarla, se encontrar\u00eda con la falta de su veh\u00edculo. Pero no tendr\u00eda que haber problema, se dijo el Arquitecto, pues gracias a que siempre anda con tizas para bocetear pudo dejar una nota en el muro: Ma\u00f1ana se la devuelvo, familia. Luc\u00eda andaba con un reloj digital que tiene cronometro, \u00bfla ha visto? Confiaba en que la gravedad ir\u00eda en su favor. Vos pod\u00e9s con esto, se dijo. Podemos, mi tronco. No en vano hubo un tiempo en que pens\u00f3 que su verdadero prop\u00f3sito en la vida era la bicicleta y no la realizaci\u00f3n de sus proyectos. Por eso mantiene la costumbre de viajar a cualquier lado en las dos llantas, como su padre, yendo y viniendo cargado de material. Y los domingos se sube la cordillera en la que se sostiene el cerro del lugar que imagina. Sale cuando el d\u00eda a\u00fan huele a noche \u2014o eso supone \u00e9l en su desconocimiento sensitivo\u2014, escoltado por el punto m\u00e1s alejado de su descendencia. La ni\u00f1a se sienta en la sillita que le acondicion\u00f3 encima de la llanta trasera y desde ah\u00ed lo arenga. Le dice: Pap\u00e1, pasate man. Si te lo pas\u00e1s, yo me vuelvo Denzel Washington. \u00bfC\u00f3mo qui\u00e9n, vida? Como el negrito de las pel\u00edculas de bala. \u00bfY a vos qui\u00e9n te dijo que yo quer\u00eda que te volvieras como \u00e9l, Luc\u00eda? No importa, pap\u00e1. Movele que nos van a dejar botados. Movele. Movele, pues. \u00c9l trata de darle gusto a la ni\u00f1a, aunque el encargo sea pasarse un carro o una moto. Trata, pedalea con m\u00e1s fuerza animado adem\u00e1s por los golpecitos que Luc\u00eda le da en la cadera, que lo a\u00fapan. Asimismo se convenci\u00f3 de que pod\u00eda bajarse el cerro en bicicleta, estando tan magullado como estaba. Lo har\u00eda por Luc\u00eda, para encontrarla. Eso lo envalentonaba de sobra. Apret\u00f3 el freno a ver si serv\u00eda y luego se dej\u00f3 atraer por la pendiente empinada del lugar que imagina.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00e9l \u2014en el lugar que imagina\u2014, las casas deflactadas a veces se caen. Hay derrumbes, sobre todo, en la temporada de invierno o en la temporada de ventisca. O eso parece en el presente, se dijo el Arquitecto, que las casas se derrumban. Pero, en realidad, estas casas est\u00e1n dise\u00f1adas para deslizarse en el vac\u00edo. No se caen, sino que dejan un poco de s\u00ed en el espacio, se van transformando para al final convertirse en el testimonio de nuestro rastro. Una nueva capa en la superficie rocosa, invadida. Por ello, para calcular la edad del lugar, habr\u00eda que cortarlo y, como pasando las p\u00e1ginas de un \u00e1rbol geneal\u00f3gico, enumerar las vetas floreadas. Habr\u00eda que hacerle una incisi\u00f3n en el ombligo, buscarnos el fil\u00f3n en las v\u00edsceras. Y pues claro que no pensamos dejarnos chuzar como si nada, pues, se dijo el Arquitecto. En este punto del proyecto, entonces, resulta imposible calcular con precisi\u00f3n cu\u00e1l de todas es la primera capa mineral de la estalagmita. O cu\u00e1l de todas es la \u00faltima. En esa piel caliente, como una herida ensancochada, nuestras vidas se suceden. Acaban y vuelven a comenzar con otras caras parecidas. Aunque quiz\u00e1s se podr\u00eda hacer con el olfato, un c\u00e1lculo aproximado de los per\u00edodos de las capas, pues es el olor ofrece una mirada \u00edntima de las cosas sin necesidad de tocarlas, se dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso ha imaginado, que el olor ofrece una mirada \u00edntima de las cosas, desde siempre, porque naci\u00f3 sin ese sentido. Una carencia que le impide abrirse del todo a los desconocidos. Empero, cree poder dar fe de algunos olores. Una noche, luego de que los desconectaran del alumbrado p\u00fablico, Luc\u00eda le explic\u00f3 el de la parafina. La ni\u00f1a le pidi\u00f3 que arrimar\u00e1 la nariz a la vela que los acompa\u00f1aba, que \u00e9l hab\u00eda pegado en toda la mitad del comedorcito de dos puestos, y luego que arrimara la nariz al tarro de la miel con la que endulza, entre otras cosas, el caf\u00e9. \u00bfA qu\u00e9 le huele, pap\u00e1?, pregunt\u00f3. \u00bfA qu\u00e9 cre\u00e9s, Luc\u00eda? A nada. Estire la mano, pap\u00e1, orden\u00f3 la ni\u00f1a, y a continuaci\u00f3n le habr\u00e1 dejado caer unas cuatro gotas de parafina. \u00bfY ahora a qu\u00e9 le huele? Arde, dijo. Solo eso. Pero un poquito nom\u00e1s. No como para morirse, obviamente. Ahora estire la otra mano, dijo el punto m\u00e1s alejado de su descendencia, que en ocasiones parece el mandam\u00e1s de la casa. Estirela, pap\u00e1. Y abra la boca. El Arquitecto le volvi\u00f3 a hacer caso, obediente, como cuando se sume a los roles que le otorga para participar en uno de sus elaborados juegos. Luc\u00eda le dej\u00f3 caer parafina en la mu\u00f1eca y al mismo tiempo le meti\u00f3 un dedo embadurnado de miel en la boca. \u00bfY ahora a qu\u00e9 le huele?, pregunt\u00f3 la ni\u00f1a. \u00bfQu\u00e9 siente, pap\u00e1? Que el dulce empalaga, respondi\u00f3 el Arquitecto sin estar seguro, todav\u00eda digiriendo la doble sensaci\u00f3n a la que hab\u00eda sido expuesto. Y Luc\u00eda aprob\u00f3 su respuesta con esa mueca severa de instructor que le hered\u00f3 y que \u00e9l, a su vez, le saco al padre, y este a su madre. La ni\u00f1a, adem\u00e1s de explicarle los olores de las cosas, es la que le dice el suyo propio. Para lo cual no se pone con disimulos, es directa, cosa que el Arquitecto le pidi\u00f3 y agradece. \u00bfPara qu\u00e9 te vas a poner con rodeos, a ver, esta ni\u00f1a? Si huelo a feo, me dec\u00eds me hac\u00e9s el favor. Cosa que Luc\u00eda cumple con meros gestos: se abanica la boca, tuerce los ojos, se tapa la nariz. O le dice: Ya es hora de un ba\u00f1ito largo, pa, con cloro y detergente. Un ba\u00f1o que lo atisbe. O pregunta: \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 ese olor? \u00bfLo sent\u00eds, pa? Como que se nos pudri\u00f3 una chucha adentro de la casa, pap\u00e1. La voy a buscar para que nos la comamos. Para m\u00ed que se te meti\u00f3 a vos, en alg\u00fan lado, ese animal. Todo eso le da gracia al Arquitecto, lo pone hasta contento de haber nacido con cuatro de los cinco sentidos f\u00edsicos con los que cualquier hombre nace para realizaci\u00f3n de sus proyectos.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo que solo agradeci\u00f3 una vez \u2014no poder oler\u2014, en la plena calentura del lugar. En esa \u00e9poca, ni los camiones de la basura quer\u00edan subirse al cerro. Las bolsas se acumulaban, se fermentaban. Alguien se iba sin irse y aparec\u00eda un morro en su reemplazo: motores y llantas de carro, neum\u00e1ticos, escombros. Cosas que no conven\u00eda tocar para darles un segundo uso, porque no fuera y luego el due\u00f1o viniera a reclamar que se las ten\u00edan que haber dejado quietas e inservibles. Conven\u00eda, si acaso, mirar de lejos o hacer de cuenta que no estaba lo que estaba. Pero al olor no se lo pod\u00eda ignorar, alertaba a los habitantes del lugar como un chisme, sin que se le preguntase. Si ser\u00eda as\u00ed que el Arquitecto se daba cuenta que se hab\u00eda aparecido un morro cuando la gente ba\u00f1aba en vinagre los trapos con los que se tapaba la cara. O cuando la pestilencia lo encontraba en sue\u00f1os, que es cuando se le despiertan todos los sentidos, y procuraba sacarle la bilis con sus manos vaporosas. Un d\u00eda de la Virgen del Carmen, record\u00f3 el Arquitecto, les dejaron un reguero de aspiradoras maltratadas al lado de la cancha. Cuellos rotos, el algod\u00f3n de los filtros floreado. Las hab\u00edan dejado en un estado tal que era imposible darles una segunda existencia. Y al lado del morro pusieron una valla publicitaria, de esas grandes, rojas, de se vende. Pero en ella no dec\u00eda \u201cse vende\u201d. En cambio, dec\u00eda: La mejor vista panor\u00e1mica de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y adem\u00e1s la valla publicitaria ofrec\u00eda a una familia en una sala, acompa\u00f1ada de un perro como mandado hacer. Los perros del lugar son distintos, le explic\u00f3 el Arquitecto a Luc\u00eda en un almuerzo en el que le prepar\u00f3 chuleta porque hab\u00eda con qu\u00e9. Rayados, m\u00e1s independientes, m\u00e1s gente. Hay uno, el Tigre, que es el m\u00e1s bandido. Bulloso como \u00e9l solo. Cuando pasa una ruta escolar de perros, es el que la corretea hasta la esquina norte. El sue\u00f1o de ese perro es conocer la playa, esconder huesos de pollo en la arena, y le da rabia que los perros amaestrados de los alrededores tengan c\u00f3mo irse a revolcar en olas cada fin de semana. Y para alcanzar su sue\u00f1o \u2014cuando se acuerda de que tiene un sue\u00f1o\u2014, el Tigre se aventura en la calle que baja a los alrededores. As\u00ed ha venido alargando su radio de acci\u00f3n, estrat\u00e9gicamente, meadito a meadito. Ya orin\u00f3 una se\u00f1al de pare, botes de basura, orqu\u00eddeas, varios escoltas, una empleada de servicio, una camioneta blindada. En una ocasi\u00f3n, esta ni\u00f1a, el Tigre crey\u00f3 haber llegado a la playa. Se hab\u00eda acelerado persiguiendo a un corredor que ya ten\u00eda pisteado, que acostumbraba a salir cuando el d\u00eda a\u00fan ol\u00eda a noche, y realizaba el mismo circuito como si se estuviera persiguiendo la cola. El olor a caucho nuevo de los tenis alert\u00f3 al animal. La mano de un perro es su hocico, Luc\u00eda. El Tigre quer\u00eda tocar la suela, entender la materia esponjosa de los tenis aerodin\u00e1micos del corredor. De golpe, dej\u00f3 de percibir sus marcas territoriales y entonces se sinti\u00f3 sin su lugarcito. Cay\u00f3 en s\u00ed, jadeaba. Estaba tan lejos como nunca lo hab\u00eda estado, y ten\u00eda las patas sucias de arena. \u00a1Estaba en arena! Movi\u00f3 la cola, bostez\u00f3 de la emoci\u00f3n. Empuj\u00f3 el suelo con las patas delanteras, varias veces, como si fuera uno de esos perros amaestrados que aprenden a darle primeros auxilios al amo. Pero el Tigre no ten\u00eda due\u00f1o, Lu. Y vaya a saber uno si fue por ese vac\u00edo que revivi\u00f3 en \u00e9l la necesidad de consumar su deseo. Sin embargo, no hab\u00eda tra\u00eddo nada para enterrar. Nada que valiera la pena, pues. Pod\u00eda volver a su lugar siguiendo el lejano olor de la estrella y cargar de vuelta con un hueso. Debajo de su colch\u00f3n hab\u00eda escondido provisiones \u2014esa era una de las cinco cosas que el perro recordaba con certeza\u2014. Prefiri\u00f3 dejar el hueco adelantado. Hueco, hueco, hueco. Primero el hueco. Primero lo primero: el hueco. Y luego se devolver\u00eda para devolverse. Puso su marca, otro meado: este pedazo de arena pertenece al Tigre. La arena le picaba, de hecho. Y para que dejara de picar, el perro se puso a hacer un hueco. Pues eso hac\u00eda cuando las pulgas y las garrapatas lo mord\u00edan. Encarnizado, las mord\u00eda de vuelta, se abr\u00eda huecos en el pelambre. As\u00ed consegu\u00eda que el ardor de la carne reemplazara la piqui\u00f1a. Lo que le era m\u00e1s soportable. De cachorro se hab\u00eda acostumbrado a que la piel le ardiera, pensaba que era normal que la piel ardiera. El Tigre tiene pegotes de sangre veteados, hija. Ya no recordaba para qu\u00e9 cavaba cuando entendi\u00f3 que era asistido en esa tarea. Pens\u00f3 que se trataba de dos perros amaestrados de los alrededores, y del asare meti\u00f3 la cola entre las patas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no. Gracias al olor, supo que el ojo blanco y el ojo caf\u00e9 pertenec\u00edan a la misma cara. Y que la perra que lo miraba estaba en celo. Y que la playa no era la playa, sino el arenero del parque de los alrededores. El olfato de un perro es su vista, Luc\u00eda. Con raz\u00f3n esos animales se huelen tanto, le contest\u00f3 la ni\u00f1a. Hasta el culo, pa. Es que ellos ven con las cuencas de la nariz, Lu, le dijo. As\u00ed es como se conocen y se realizan.<\/p>\n\n\n\n<p>El coro de los que lo miraban desde sus ventanas trat\u00f3 de hacerlo caer en s\u00ed, se las cant\u00f3 una vez m\u00e1s: \u00c9ntrese, familia, que estas no son horas. Estas no son horas. \u00c9ntrese. Pero el Arquitecto si acaso alcanz\u00f3 a cerrar los ojos, luego de que el muro expandiera el pecho para recibirle la humanidad en su totalidad. El golpe de la ca\u00edda, afortunadamente para su tronco, fue amortiguado por el pl\u00e1stico alveolar con el que forr\u00f3 los muros del lugar que imagina. Gracias a esa protecci\u00f3n extra es que los ni\u00f1os pueden saltar de techo en techo, se dijo, como micos atravesando riscos cristalizados, y disfrutar de su lugar. La bicicleta no corri\u00f3 con la misma suerte. Hoy en d\u00eda las dise\u00f1an m\u00e1s delicadas que antes, se dijo, para sacrificarse por uno recibiendo toda la energ\u00eda cin\u00e9tica durante un choque inel\u00e1stico. Qued\u00f3 aturdido, el zumbido de los t\u00edmpanos se sum\u00f3 al fr\u00edo enconado en las costillas. Pero ni as\u00ed se iba a quedar quieto. No pod\u00eda darse el lujo de malgastar minutos. Por cada uno que pasa tambi\u00e9n aumenta el radio del vac\u00edo, se dijo. La distancia entre dos cuerpos se calcula multiplicando velocidad por \u201ct\u201d, que no tengo. Menos mal alguien que iba de subida para su casa, le ayud\u00f3 a pararse. Luc\u00eda andaba con un reloj digital que tiene calculadora, \u00bfla has visto? \u00c9ntrese, familia, se las cant\u00f3 el otro y, del af\u00e1n, se le llev\u00f3 la mano cogida. El Arquitecto se la habr\u00eda pedido de vuelta, si lo l\u00f3gica no hubiera sido seguir adelante, aprovechar las pocas fuerzas que lo sosten\u00edan en firme. Abanic\u00f3 la izquierda para despedirse de la otra mano, que se fue d\u00e1ndole la espalda, consolada por un miembro extra\u00f1o, y sin entender del todo su ineludible sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que aprendi\u00f3 a construir con las manos, es que el Arquitecto viene imaginando el lugar que imagina. \u00c9l le aprendi\u00f3 a su padre y este al suyo, a construir. En vida, lo primero que hizo fue una maqueta, una casa en miniatura que seg\u00fan su padre no serv\u00eda para nada. Pero no por el tama\u00f1o. El problema de la casa no era ese, pues en ella se habr\u00eda podido acomodar, de quererlo, una familia peque\u00f1a o una familia grande de los diminutos seres que ocupan las escaleras rosadas del lugar. El problema, le hizo caer en cuenta su padre, era que no hab\u00eda dejado la casa vac\u00eda por dentro. Eso s\u00ed, le dijo, es probable que nunca se te venga abajo, ni aunque terremotee. Algo es algo. \u00bfY entonces qu\u00e9 es, pap\u00e1?, le pregunt\u00f3. \u00bfQu\u00e9 fue lo que hice? Su padre se qued\u00f3 pensando, se qued\u00f3 pensando. El Arquitecto, por su parte, no sent\u00eda haber cometido ning\u00fan error. Vistas desde afuera, las casas \u2014por lo menos las que conoci\u00f3 de ni\u00f1o en su lugar de procedencia\u2014 parec\u00edan bloques. Bloques encima de bloques. Un piso, un bloque. Otro piso, otro bloque. Y cada familia viv\u00eda en su bloque. Pero \u00bfc\u00f3mo hac\u00edan para entrar, para caber en ellos? El Arquitecto supon\u00eda que, al atravesar la puerta, las personas se transformaban en sus casas y no que se acomodaban en un recipiente. Y que esta uni\u00f3n se daba gracias al calor que se desprende de un cuerpo. El calor que se abandona en una silla, por ejemplo. El calor que se mantiene en la ropa reci\u00e9n usada, en un colch\u00f3n. El calor que se origina del contacto, del aire que desprende energ\u00eda. Entonces cort\u00f3 una cartulina y en ella, en un rect\u00e1ngulo de veinte cent\u00edmetros por dieciocho, peg\u00f3 unas velas que, al derretirse, reemplaz\u00f3 con otras velas, y as\u00ed hasta conseguir una altura considerable. Con sus manos model\u00f3 un bloque, lo contuvo mientas se enfriaba. Lo dej\u00f3 liso, perfecto, como con todos los acabados de f\u00e1brica. Finalmente llam\u00f3 a su padre para mostrarle el proyecto en el que hab\u00eda estado trabajando. \u00c9l se qued\u00f3 pensado, pensando, vi\u00e9ndolo, y entonces le dijo lo que le dijo, y agreg\u00f3: Eso no sirve para nada, hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una injusticia parecida es la que el Arquitecto cree haber cometido con su menor. Le dijo sin que su opini\u00f3n hubiera sido solicitada y no precisamente de la mejor manera. A lo que la ni\u00f1a respondi\u00f3 mal, muy mal. Le dijo y le dijo. Por lo que el Arquitecto tambi\u00e9n le dijo lo suyo. Esto y aquello. Y ante el primer descuido, Luc\u00eda se le fue con la rabia encendida. Y el Arquitecto se puso a buscarla porque uno nunca sabe qui\u00e9n anda por ah\u00ed. Para que el balazo de la culpa no le echara ra\u00edces hasta por las u\u00f1as. Con la mano que le quedaba, entonces, palp\u00f3 las paredes cavernarias del lugar que imagina a ver si en ellas se manten\u00eda algo del calor desprendido de su hija. Y s\u00ed. La huella era fina, un sol de p\u00e1ramo, un rastro de piedras en un r\u00edo adoquinado. \u00a1Pero se pod\u00eda seguir si se le pon\u00eda empe\u00f1o! Cosa que hizo, con ilusi\u00f3n, serpenteando por los meandros que su cuerpo reptil, con otras pieles, hab\u00eda dejado en el pasado. Se sumergi\u00f3 en el vado del r\u00edo glacial que nace en el lugar que imagina, hasta la cadera. Con el prop\u00f3sito firme de avanzar, camin\u00f3 con el mu\u00f1\u00f3n cerca del pecho \u2014reci\u00e9n nacida, Luc\u00eda era del largo de su antebrazo\u2014, sacando las rodillas a la superficie para eludir la resistencia h\u00eddrica de los sedimentos. Y no habr\u00e1 dado m\u00e1s de cinco pasos cuando record\u00f3 lo que \u00e9l mismo se dijo en el pasado, al inicio del proyecto: Una estalagmita no acepta otro crecimiento que no sea el suyo. La forma que ella decida. Como el \u00e1mbar, como una telara\u00f1a. Hay fuerzas que no se pueden manipular, sino dejar ser. As\u00ed, pues, se acost\u00f3 en el l\u00edquido glacial, y se dej\u00f3 llevar, como insecto en obsidiana, cuesta arriba, pensando que eso mismo habr\u00eda hecho Luc\u00eda, que le aprendi\u00f3 la intuici\u00f3n. Los techos de las casas lo acompa\u00f1aron hasta cierto punto, como p\u00e1jaros batiendo las alas en un zo\u00f3tropo, y en alg\u00fan momento fueron reemplazados por la c\u00fapula agujereada de los mangos. Hac\u00eda mucho que el Arquitecto no iba a los mangones. Y eso que, en los a\u00f1os de estudio, pod\u00eda pasarse del d\u00eda a la noche mirando sus construcciones para aprender de estas. Hay seres que descansan a la sombra de un \u00e1rbol, se dijo. Otros que mueren asfixiados por esta. No en vano, inspirados por el miedo, hubo gente que propuso cortar los mangos y hacerse casas encima de sus ra\u00edces. Pero eso no estaba \u2014mientras dependa de \u00e9l, nunca estar\u00e1\u2014 en los planos del Arquitecto. El bosque no es un terreno bald\u00edo, se dijo. Por el contrario, est\u00e1 ocupado por una construcci\u00f3n aut\u00f3noma, en proyecto. Y eso que los mangos prefieren los llanos para desplegarse. Pero ah\u00ed se mantienen, cogidos del cerro, algunos troncos inclinados al mismo \u00e1ngulo del horizonte. Ellos cruzan sus largos dedos para construir un dosel que se propaga en el vac\u00edo, que atrapa todos los nutrientes que requieren para subsistir. Un tejido de falanges, hojas y ra\u00edces, que se enhebra en el cielo y debajo de la tierra. Nosotros, se dijo el Arquitecto, somos una especie invasora. Como los mangos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras flotaba como un sedimento en el r\u00edo glacial que nace en el lugar que imagina, se le vino a la cabeza otro morro que les dejaron al lado de la cancha, en la plena calentura del lugar. Un arrumace de cobijas blancas por el que se colaba la luz del d\u00eda. La luz animaba la tela, la abultaba. Flu\u00eda por el torrente de arrugas, como una larva propagando una gangrena luminosa. En la ma\u00f1ana sal\u00eda amarilla y en la tarde \u2014la luz\u2014 emerg\u00eda manchada, se elevaba como polvo inmolado, bermell\u00f3n, ofreci\u00e9ndose en virutas a la noche que vendr\u00eda y vendr\u00e1. Por supuesto que los habitantes del lugar no quisieron usar esas cobijas. Esto, aunque estuvieran pasando fr\u00edo por la temporada de lluvia y ventisca que redoblaba las latas de sus casas, que bajaba del cerro. A las s\u00e1banas solo las tocaba el viento y ni \u00e9l se las pod\u00eda llevar. Porque algo las pisaba, las manten\u00eda agarradas del suelo. Y esto se confirm\u00f3 a los pocos d\u00edas de aparecido el morro, cuando el lugar amaneci\u00f3 encapotado con volantes que ofrec\u00edan cada metro cuadrado de su presencia, junto con la foto de otra familia y otro perro como mandado hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Pap\u00e1, le pregunt\u00f3 Luc\u00eda una vez que estaban desayunando sancocho en la mesa de centro que en esa casa hac\u00eda de comedorcito de dos puestos, \u00bfNos vamos a ir de ac\u00e1? \u00bfC\u00f3mo se le ocurre decir eso, esta ni\u00f1a?, le respondi\u00f3 malencarado. \u00bfNo ve que nosotros estamos ombligados a este lugar? Y antes de que su menor siguiera con las imprudencias, el Arquitecto, terco como \u00e9l solo, destap\u00f3 el salero y densific\u00f3 el caldo con una cascada fina, p\u00e9trea, del mineral. Ya se le hab\u00eda dicho que este le alteraba la presi\u00f3n sangu\u00ednea y que a \u00e9l, adem\u00e1s, deb\u00eda la invasi\u00f3n de la papada en su cuello. Dict\u00e1menes m\u00e9dicos que olvidaba f\u00e1cilmente, al meterse una cucharada de cualquier cosa a la boca. Especialmente una cucharada de caldo, que, concentr\u00e1ndose, si algo le sab\u00eda a agua. \u00bfY qu\u00e9 ser\u00e1 que es peor?, le preguntaba al que se pusiera recriminarlo por el exceso de sal. \u00bfMorirse antes de tiempo o que en vida la comida te sepa a nada? A nada, le contest\u00f3 Luc\u00eda. No sea ego\u00edsta, pap\u00e1. La ni\u00f1a encar\u00f3 al Arquitecto, pero, al notar que se le estaban escurriendo los mocos, estrangul\u00f3 el disgusto de su pecho con ambas manos. \u00bfLe amaneci\u00f3 alborotada la sinusitis?, le pregunt\u00f3. Y en vez de esperar a que le confirmara lo evidente, fue por una tasa, que llen\u00f3 de agua y un toque de bicarbonato de sodio. A ver le lavo, le dijo mientras volv\u00eda de la cocina, acompa\u00f1ada por el tintindeo de la cucharita chocando con la garganta pl\u00e1stica de la tasa. Alce la cara, pap\u00e1, le orden\u00f3. \u00bfQuiere que le d\u00e9 gusto? A la mezcla que precipitaba, a\u00f1adi\u00f3 un cuarto del salero con el que el Arquitecto se hab\u00eda encaprichado segundos antes. Bati\u00f3 con fuerza: al agua se le fueron cerrando los poros. Como si lo fuera a rasurar al ras, Luc\u00eda agarr\u00f3 la cumbamba de su padre. Apunt\u00f3 a los huecos por los que se asomaban unas ra\u00edces de papa, y dej\u00f3 caer un chorrito intermitente, granizado, en cada orificio nasal. El estornudo tent\u00f3 al viejo, que paleteaba y respiraba por la boca para no sucumbir en el naufragio. Aguante, pap\u00e1, le dijo Luc\u00eda. Y como la condescendencia nunca hab\u00eda servido para tratar con los males del Arquitecto, atenaz\u00f3 la nariz de su padre para que la soluci\u00f3n salina le bajara por la faringe, para que le raspara como se necesitaba. Sople, pap\u00e1, le dijo luego de soltarlo. Sople duro. Y apenas lo sinti\u00f3 repuesto, lo volvi\u00f3 a coger de la cumbamba y repiti\u00f3 la terapia, como si estuviera despercudiendo a un mu\u00f1eco de franela blanca en el lavadero. Lo refreg\u00f3 hasta que el taco mucoso que se intu\u00eda en los canales respiratorios se materializ\u00f3 encima de los gestos de su padre, como una aguamala en la arena. Entonces Luc\u00eda fue por un trapo de cocina para terminar de sonarlo. Sople, pap\u00e1, le dijo. Sople duro. Moj\u00f3 el trapo en la mezcla que hab\u00eda preparado y lo pas\u00f3 con el empe\u00f1o requerido para que el algod\u00f3n le limpiara, incluso, entre las arrugas de la cara. Y por si acaso se le ven\u00eda la sangre, cosa que sol\u00eda pasar luego de que se le hicieran los lavados nasales, le acomod\u00f3 el trapo como un babero que recibir\u00eda las primeras gotas de la hemorragia. Y por si acaso, tambi\u00e9n, le dej\u00f3 un beso colgando, como un moco, de la punta de la nariz. \u00bfPor qu\u00e9 dec\u00eds por si acaso, hija?, le pregunt\u00f3 el Arquitecto, su voz ahogada por la inclinaci\u00f3n hacia atr\u00e1s de la cabeza. Te he dicho que no ten\u00e9s por qu\u00e9 andar preocupada por nosotros, Luc\u00eda. Pues por si acaso, respondi\u00f3 la ni\u00f1a. O porque s\u00ed, pap\u00e1. \u00bfO es que ya no se le pueden dar besos porque s\u00ed?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fotograma de El Lugar de su Presencia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Anteproyecto El Lugar de su Presencia es un relato expandido en tres medios -fotograf\u00eda, escultura y poes\u00eda-, y en tres capas de ficci\u00f3n. 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